Lo cierto es que echo de menos el invierno, y con él sus días lluviosos y fríos. Echo en falta la nieve, que nos obliga a permanecer acurrucados a todos frente a la lumbre del fuego, calentando la añoranza del cambio de estación...
Sí, parece de mentira que se pueda anelar el mal tiempo; pero es que tan solo entonces es el momento en el que puedo sentarme y parar...
Y con todo ello añoro una de nuestras costumbres del invierno, "el día del pijama". Un día no señalado en ningún calendario, pero que con un código no escrito todos en mi familia lo llevamos a rajatabla. Es un día especial, en el que olvidamos al mundo y nos recogemos en casa, sin hacer nada especial, pero haciendo lo más importante: compartir. Nuestro "día del pijama", en el que me levanto y decido seguir vestida con mi traje de noche. Y tras de mí, sin cruzar una palabra, todos en mi familia hacen lo mismo. Porque ese es nuestro código..."Hoy mami está en pijama, así que no vamos a necesitar vestirnos...". Y convertimos un día triste y aburrido en un día de descanso y despreocupaciones. Y tras pasar todo el día serenos, nos damos una buena ducha, nos cambiamos el traje de noche y....mañana será otro día...¡Quien sabe si volvera a ser otro "día del pijama"!.
...Sí, echo de menos el invierno, con sus lluvias, su frío y sus nieves...Echo de menos "mi día del pijama"...
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