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| Mujer de campo |
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¿Alguna vez os habéis planteado la importancia de las raices?...Y es que la sangre llama, y da igual que nos guste o no de donde venimos: Lo importante es que gracias a nuestros antepasados y a nuestras raices, somos lo que hoy somos, lo que nos toca, lo que elegimos o, simplemente, lo que heredamos...
Ayer ha sido un día muy especial en mi vida; tan especial que lo tendré grabado en mi corazón para el resto. He podido hacer realidad un sueño: Que mis hijos conociesen de donde vienen. Y tengo que confesar que tenía miedo, miedo a no poder estar a la altura. Y no por ir a mansiones, ni palacios, ni lugares lujosos..No, porque la familia de mis hijos viene de un pueblo muy humilde de Portugal, de donde su bisabuelo, Narciso, decidió un día escapar, supongo que del hambre y la miseria..Lo que él nunca imaginaría es que sus sucesores tendrían la necesidad de conocer, de tocar, de sentirse parte de una familia que él decidió apartar de su vida.
Y hoy digo que, a pesar de no ser de mi sangre, los siento como de la mia propia, por habernos recibido con tanto amor y tanta generosidad, por habernos abierto las puertas de su pueblo y su corazón...Porque sí, me siento orgullosa de decirlo, mi hoy nueva familia es muy humilde, pero en su humildad son inmensamente generosos, tanto como para compartir lo poco que tienen con nosotros. Y nosotros no podemos dar sino cariño y agradecimiento por su acogida, como uno más de ellos. Porque en el fondo somos de la misma sangre, unos más que otras...
No sé como explicaros lo feliz que me han hecho toda ésta maravillosa gente: Narciso y Teresa, Luis y Cristina con Beatriz, Isabel y Juliana, Isaias y María....María, esa mujer que nada más verla tuve necesidad de abrazar y decirle lo bella que era: María, esa mujer menuda, con pelo ensortijado de color plata, de manos tiernas y frágiles, de mirada sincera, de sentimientos tan puros que con solo mirarla sentías su grandeza; María, que me conmovió al decirme, al enseñarle mis manos envejecidas por el trabajo, que se sentía igual a mí, que siguiera trabajando el campo, que no se había imaginado que en España podría haber personas iguales a ellos...esa mujer que se despidió de mí diciéndome que me guardaría en su corazón para siempre; María, que su imagen es igual que la de mi abuela Luzdivina, que su dulzura llena, como la de ella, el mundo entero...Y Narciso, que nos despidió con lágrimas en los ojos, arrancándonos la promesa de volver, "porque ahora ya sabíamos el camino.."; Narciso, que con su cálido abrazo me decía continuamente que le encantaba hablar commigo, porque a mí sí me entendía, que yo sí hablaba portugués, pero no el portugués como idioma, que desconozco como él el español, sino el portugués como entendimiento, como el comunicar sencillamente y transmitir sin necesidad de idiomas...
Y hoy me siento pequeña, muy pequeña, porque gente "tan grande" me hace volver a la infancia y recordarme lo importante que es la sangre, la familia, las raices....Y, aunque no son las mías propias, a partir de hoy siento que han enraizado tan fuerte en mi vida que no habrá sequía que las pueda arrancar...
Mi promesa es volver, no sé cuando, pero seguro que con más tiempo y con mi necesidad de "conocerles", de compartir sus vidas, sus vivencias y su trabajo...Volver a enriquecerme como persona a un lugar donde la pobreza se mide simplemente en humanidad...Volveré...
Y quizás no he podido transmitiros mi sentimiento, pero quiero que miréis la foto: Es la imagen de una mujer del pueblo, anónima, serena....Tan solo con mirar su rostro podréis ver todo lo que yo vi ese día...Pero tan solo os pido una cosa: Observarla con el corazón...
....Me hubiese encantado que ayer mi padre estuviese con nosotros...Él sí me hubiese entendido...me llamaría tonta, pero me habría entendido....Espero que desde el cielo lo hubieses disfrutado commigo papá...
...Y quiero disculparme con mi marido, Maxi, por dejarle un poquito al margen en éste momento; quizás porque éste día lo considero parte de mí misma. Y aunque compartamos nuestras vidas y nos queramos, la extensión de mí misma, como la de él, son nuestros hijos. Por eso mi necesidad de resaltar la importancia para ellos en concreto, que son lo más grande que me ha dado la vida...Sé que como padre me comprenderás...Ya sabes lo sentimental que soy...Y perdona por "empujarte" a buscar tus raices...¡Pero ellos lo necesitan para elegir su camino!...